El tren Tilín

Los nubitas y otros cuentos es la quinta colección de cuentos de Miguel Ángel Villar Pinto.

La colección consta de 7 cuentos maravillosos: «Los nubitas», «La gatita Linda», «El rey de los ogros», «El duende padrino», «La isla secreta», «Robertinho» y «El tren Tilín».

«El tren Tilín» lleva a sus pasajeros a donde realmente quieren ir.

Algo que muy pocos saben es que los trenes intentan cumplir con los deseos de los pasajeros, y como la mayoría van con la idea de llegar cuanto antes a su destino, los viajes no suelen tener nada de extraordinario: la gente mira el reloj y los trenes la hora.
Sin embargo, hubo una vez en la que sucedió algo fuera de lo común, y es que la mayoría a bordo eran niños y, seguramente por eso, se convirtió en una gran aventura. Tilín, como se llamaba el tren en el que iban, intuyó pronto que, esta vez, los pasajeros tenían deseos muy diferentes a los habituales; no parecían interesados en la llegada, sino más bien en disfrutar del viaje.
Esto le causó muchas dudas al tren Tilín; jamás antes se había visto en una situación parecida y no estaba seguro de cómo actuar. Pero... nada más salir de la estación y adentrarse en un túnel, lo supo:
—¡Es de noche! —dijo un niño.
Y todos cerraron los ojos.
—¡Es de día! —dijo otro al salir.
Y los abrieron entre risas y aplausos.
«Quieren divertirse», pensó el tren Tilín. Pero no teniendo ninguna referencia previa de cómo hacerlo, decidió consultar el manual del ferrocarril. Le llevó un buen rato encontrar lo que buscaba; estaba en letra pequeña, sin apartado específico.
—¡Aquí está! —se dijo—. ¡Ajá! Así que esas vías son para eso...
Mientras escuchaba a los niños llamarse unos a otros al admirar el paisaje, el tren Tilín miró hacia adelante. El camino se bifurcaba. Sintió una extraña y seductora sensación al saber que, en esta ocasión, no tomaría la misma dirección de costumbre, sino aquella otra en la que, en medio de los raíles, había crecido la vegetación. Era evidente que nadie había pasado por allí en mucho tiempo. Tilín sería el primero en hacerlo de cuantos trenes conocía.
—¡Vamos allá! —exclamó.
Y tomó la curva a tal velocidad que, una parte lateral del tren, se levantó en el aire. Sin tiempo a que los pasajeros reaccionaran, entraron y salieron rápidamente de un túnel para recorrer, por la superficie de las aguas, un mar luminoso donde peces multicolores nadaban y saltaban a su lado... (¿Quieres saber cómo termina el cuento «El tren Tilín»? Encontrarás el final en la colección de cuentos Los nubitas y otros cuentos).

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